viernes, enero 27, 2006

Gáname

Con voz queda me pediste que te ganara. No dijiste nada más. No hacia falta.
Ya solo tus ojos hablaban cuando me acerqué a ti, sabia que buscar tus labios habría sido inútil, sabia que no me devolverías los besos, todavía no. No quería que tus ojos marcarán las pautas de mis caricias así que te busque por detrás, pero antes pase por los cajones de la mesita de noche y cogí el pañuelo morado. Tú seguías inmóvil, de pie y silenciosa aún cuando con el dorso de mi mano acaricié tus hombros a modo de despedida. Deslicé el pañuelo por tu frente y lo anudé en la nuca. Ahora permanecías en silencio y a oscuras y yo sabía que eso te asustaba, sabía que estabas aterrorizada, porque lo desconocido te asusta, porque no caminarías con los ojos cerrados aunque yo te llevara de la mano y ahora era yo quien controlaba la situación.
Mis manos se posaron en tus hombros destapados y te atraje a mi pecho, tu espalda frente a mi, los dos juntos mientras mis brazos se cruzaban en tu vientre apresándote entre mi cuerpo. Mis manos se deslizaron hasta tu cintura y penetraron bajo tu suéter, fue la primera penetración. Me acompañaba el calor de tu espalda mientras me dirigía a desabrochar tu sujetador, de allí fui a tus pechos que inundaron mis manos huecas, notaba en todo mi cuerpo como endurecían en mis manos que como dos cuencos los retenían mientras mis labios acariciaban tu oreja al tiempo que te susurraba lo que tu ya sabías. Susurraba mi excitación mientras tú la sentías en la presión de nuestras caderas. Mis suspiros se confundían con los tuyos cuando te quité el suéter y me puse frente a ti, admirando tus pechos, apresando tu cintura, descendiendo lentamente con mi lengua desde tu cuello hasta ellos, para besarlos, para notarlos endurecer entre mis labios, para sentir el movimiento ante tu creciente jadeo.
Solo el afán por desnudar tus caderas me distraía del maná de tus pechos de endurecidos pezones y para cuando desabroché tu pantalón mis labios dibujaban un corazón en el centro de tu ombligo. Tuve que arrodillarme ante ti para llevar el pantalón hasta tus tobillos, tuvo que descender mi lengua por tu muslo hasta llegar a tus pies, y entonces tus manos sobre mi cabeza eran el último refugio de tu reserva. Permanecí allí, besando tus pies hasta que entre suspiros gané aquellas murallas y tus manos alzaron mi cabeza pidiéndome más, tus manos rodearon mi rostro a modo de rendición y mi lengua deshizo el camino por el perfil interno de tus muslos, suavemente, disfrutando de su calor, deleitándose con la llegada al origen de aquella temperatura. Y allí, todavía en silencio roto solo por suspiros, a oscuras tú por el pañuelo, yo por el deseo, gocé de tu cuerpo, sentí tus suspiros tornándose gemidos, noté tu agitación rodear mi boca entre tus muslos, recibí nuevamente tus manos en mi cabeza esta vez apresándola contra tu cuerpo y ascendí veloz, aún con gemidos saliendo de tu boca, agarré tus nalgas y te alcé llevándote a la cama, te arrojé, nos arrojamos en ella. Te penetré, nos fundimos violentamente y oí como tus gemidos dejaron de serlo y vinieron los gritos, y mi boca, ahora si, buscó la tuya, y tus besos no fueron negados.

jueves, enero 19, 2006

Cinco rarezas

Me pasan un testigo por partida doble, me lo pasa mi admirada Princesa del Guisante y también la sensual y enigmática Cristal. ¿Acaso creéis que puedo negarme a cogerlo? Ni puedo ni quiero, así que allá vamos.
El meme en cuestión consiste en contar 5 extraños hábitos tuyos además de cumplir una serie de normas que, perdonadme, no tengo la menor intención de cumplir.

Vayamos pues con los 5 hábitos extraños que me han llegado a la cabeza primero, pues no dudéis que tengo muchos. Aunque el adjetivo extraño es de los más subjetivos y no sé si a vosotros os parecerán extraños.

1º Llevarme siempre algo de chocolate a la cama para comerlo antes de dormirme. Es una manía que no puedo evitar. Es mi resopón (no sé si conocéis la palabra) particular.

2º Comenzar un nuevo libro justo al acabar el que andaba leyendo. En el momento en que termino un libro tengo que coger uno nuevo y leerme al menos un par de páginas. Es una manía un poco rara pero no he de “enganchar” un libro con el siguiente.

3º Dormirme en la bañera, sumergido con solo la nariz fuera del agua. Son diminutas cabezadas de un par de minutos tan solo, pero cuando me preparo una bañera (que es muy ocasionalmente) para relajarme y expulsar todo el estrés siempre acabo durmiéndome.

4º Mezclar el sabor dulce con el salado. Si, si, ya sé que ahora, con la nueva cocina, los Ferran Adriá y compañía esto de mezclar el sabor dulce y el salado no parece ninguna rareza, pero el problema es que yo lo hago desde niño. Y sobre todo, que mis mezclas no son tan glamourosas. Por ejemplo, galletas dulce con atún, o café con leche con tostadas sobrasada. Cruasanes dulces rellenos de queso. Bueno, vamos a dejarlo que se me hace la boca agua.

5º Apuntarme todas las frases, párrafos, escritos, enlaces , nombres de libros, de películas, de música, etc. que me hayan gustado, o que piense que me pueden gustar. Luego nunca los encuentro porque lo tengo todo inundado de esas anotaciones, por todas partes, en papeles, en documentos del ordenador, en notas en el móvil. Imposible aclararme. ¡Necesito una documentalista para que me ayude a ordenarlo todo!

En cuanto a las normas estas de pasar el testigo siguiendo un ritual de enlaces y avisos, bueno ya sabéis que no me gusta comprometer a nadie, así que no lo haré ¿que me puede pasar por incumplir la cadena? Esta no es una de esas cadenas que dice que dentro de tres días me tirarán del trabajo si la rompo, ni de esas en que un niño de tres años (bueno, tenia tres años cuando comenzó, ahora ya se afeita, tiene coche y novia), necesita un trasplante de cuello de útero o sino todo su barrio morirá. Y como esas también las rompo, pues nada, para no perder la costumbre. Eso si, que todo el mundo que lo desee se dé el testigo por pasado, incluso, si me lo avisáis en los comentarios, actualizo este post y os pongo un enlace en él para seguir el ritual un poquillo (por si acaso me cae alguna maldición extraña, que esto nunca se sabe, porque ya sabéis, as meigas habelas hailas).

lunes, enero 16, 2006

Volando

La noche era intensa, no sé si en somnolencia o en oscuridad. Todo lo ocupaba el silencio. Nos mirábamos a los ojos por primera vez entre oscuras telas y olor a humedad. Nada de nosotros sabíamos, éramos dos desconocidos que se habían leído en una habitación llena de vacío. Tus grandes labios comenzaron a abrirse al compás de una respiración que se aceleraba junto a la mía llevada por nuestras silenciosas miradas.
Mis brazos se adelantaron extendidos hacia ti. Tus manos caminaron entre mis dedos hasta enfrontarlas con las mías. Tus ojos se cerraron pero nunca lo supe pues los míos también se apagaron. Un paso al frente juntó nuestros cuerpos en un abrazo que se coronó con un suave beso en tu mejilla caliente. Mis manos te recorrieron hasta atraparte la cintura y atraerla contra mi cuerpo, rodeada por mis brazos. Como apresada en una crisálida echaste tu cabeza hacia atrás entreabriendo los labios para que de ellos bebiera. Mi boca sobre la tuya y nuestros cuerpos fundidos en un abrazo permanecieron unos segundos o quizá fueran horas.
Y la transformación tuvo lugar en silencio y lentamente, cobijados en la soledad de nuestra envoltura, mis labios abandonaron tu boca deslizándose pausadamente por el suave cuello al tiempo que tú atravesabas la ropa en busca de mi pecho. Bebiéndote poco a poco alcancé tus pechos que desnudé sin dejar de besarte, notando en la yema de mis dedos el calor que tus leves gemidos no conseguían aplacar y en el dorso de mi mano endurecer tus dos pezones bien por el roce, bien por la inminente llegada de mis labios anunciados por la respiración entrecortada. Para cuando mi boca lamía tus pezones suavemente, tú ya habías desnudado mi torso y acariciabas con las manos abiertas el calor de mi espalda. Brazos contra pecho, pechos contra labios, gemidos y suspiros y mi boca comiendo nuevamente de la tuya mientras las últimas prendas desaparecían. Y arrodillado ante ti, en la justa adoración ante el comienzo del fin, mis manos pasearon lentamente por tus caderas, y mi lengua, como lanza guerrera, penetró, entre los muros de belleza que enmarcaron mi rostro, en tu cuerpo deseado. El sonido de tus gemidos aplacaba el ansia de mis gritos inútiles silenciados por tu sexo inundado. Me erguí ante ti por ultima vez de pie, y un abrazo infinito nos hundió en las negras sabanas pecho contra pechos, boca contra boca, y pelvis contra pelvis. Sin dejar de besarte penetré tu silencio para oír los gritos de la cúspide coronada, y nuestro sudor se mezclo en un solo mar de caricias, de dedos que aplacaban gemidos mientras el roce de nuestros sexos incrementaba transformando nuestros movimientos en el movimiento de una mariposa que comienza sus aleteos, y gritando por las últimas embestida las alas comienzan a levantarnos de la cama de negras sabanas y ascendernos por encima de los gritos, del silencio, de la oscuridad y del brillo, hasta nuestros ojos de nuevo abiertos, de mirada profunda, penetrante los tuyos en los míos, los míos en los tuyos.

miércoles, enero 11, 2006

Siete veces siete

Sonela me invita en su blog a completar una de estas listas que se reproducen por la blogosfera de forma incontrolada. Y como a Sonela no le puedo negar nada, allá va.

Siete cosas que quieras hacer antes de morir
Tener, al menos, un hijo
Escribir un libro
(lo de plantar un árbol ya lo tengo superado)
Ver tu sonrisa
Ir a la India
Enamorarme
Aprender a tocar el piano
Ganar el suficiente dinero para cumplir mi sueño
Siete cosas que sabes hacer bien
Reír
Llorar
Escuchar
Hablar
Sentir
Dormir
Guardar secretos
Siete cosas que no sabes o no puedes hacer
Bailar
Cantar
Amar
Fingir
Olvidar
Obligar
Decir no

Siete cosas que te ponen del sexo opuesto
La mirada
Los labios
El sentido del humor
La inteligencia
Los pechos
Las piernas
El corazón


Siete cosas que te ponen del propio sexo
La voz
La sencillez
Los ojos
La sonrisa
Las manos
La cara
La inteligencia


Siete expresiones que sueles utilizar con frecuencia
En fin...
Tranquilo
Si no puede ser no puede ser.
Increíble
¡Me encanta!
Joder
Seguro

Siete celebridades que te dejaron prendado
No se muy bien que quiere decir celebridades, ni dejar prendado, pero ahi van...
Lilith
Alejandro Magno
Julio Cesar
Cleopatra
Jesucristo
Groucho Marx
Einstein

Como siempre, quien quiera contestar a estas preguntas en su blog que se dé el testigo por pasado.

jueves, enero 05, 2006

Cuarto Rey Mago

...Y brilló una estrella en el cielo, y los magos la vieron y siguieron aquella estrella llevando regalos para el Niño que pronto nacería. Y Melchor partió de Persia portando Oro, y de la India salió Baltasar cargado con incienso, y Gaspar abandonó Arabia llevando mirra. Y todas estas historias las conocemos. Pero desde Europa alguien llamado Artabán vio la estrella y la siguió cargado de piedras preciosas. Y subió montañas, ando valles y cruzo ríos guiado por aquella estrella, y en su largo recorrido encontró pobres a los que sació el hambre con el jaspe que al niño llevaba. Y durante su travesía encontró esclavos que eran azotados y su libertad pagó con el rubí que pensaba ofrendar al Niño. Y ya cerca de Jerusalén vio a soldados romanos acabando con la vida de todos los niños varones y la vida de muchos salvó comprando a los soldados con el diamante que para el Niño reservaba. Pero un capitán lo sorprendió pagando a soldados y en prisión lo encarceló. Y tras 35 años y apunto de morir, quedó libre y siguió a la multitud que se dirigía al Gólgota donde descubrió al niño que buscaba clavado en lo alto de una cruz. Agonizando tras 35 años encerrado, las ultimas fuerzas que le quedaban las empleó en arrodillarse ante él y pedirle perdón por no haber llegado a tiempo y hacerlo con las manos vacías. Una voz resonó en sus oídos diciendo: “Lo importante no es la meta sino el camino.

Gracias a todos por este año caminado.

viernes, diciembre 30, 2005

Deseos

El 30 de Diciembre del 2004 hice una lista con los que llamé “mis deseos más irreflexivos”, ahora, un año después, pongo al día la lista:
-No tener que levantarme a las 6:45 ninguna mañana más (sigue como un deseo)
-Descubrir a que saben los labios de la chica que me cruzo todas las mañanas (he olvidado que chica era)
-Viajar, viajar y viajar (En pascua viajé por España, en verano fui a patear la Provenza Francesa, pero sigo queriendo viajar, viajar y viajar)
-Averiguar si mi compañera de trabajo es escandalosa en la cama (ya no tengo esa curiosidad)
-Seguir escribiéndoos (Sigo teniendo ese deseo, aunque he de reconoceros que este deseo pasó por baches a lo largo del año)
-Que me sigais leyendo (Si, si, si, cada vez más, me he convertido en adicto a vosotros)
-Leeros (Igualmente adicto a vuestros comentarios)
-Mirarte a los ojos (siempre será un deseo)
-Conocer la felicidad (hay que seguir deseando cruzársela este año)
-Poder compartir un café y una charla con todas y cada una de las personas que tenéis la paciencia de leerme (esto siempre será un deseo)

¿Y vuestros deseos?

¡FELIZ AÑO 2006!

martes, diciembre 27, 2005

Feliz Dia de los Santos Inocentes

Hace algun tiempo, una lectora de Confesiones de Baco me comentó que ella pensaba que Baco realmente era una mujer.
Hoy, despues de casi año y medio escribiendo en este modesto rincón donde tantas veces me he mostrado tal y como soy, donde tantas veces me he desnudado, quiero quitarme la única prenda que nunca arrojé al suelo, la única prenda que siempre llevé puesta, la única prenda que tapó algo de Baco.
Hoy quiero hacer una nueva confesión.
Baco es una mujer.



Ayer se celebraba el dia de los inocentes. Creo, no estoy seguro, que es una fiesta solo española, asi que para los muchos sudamericanos que me leeis os comento que es tradición en este dia gastar bromas. Así que espero que no os haya molestado que yo tambien haya querido participar haciendo una pequeña broma.
Baco es hombre, desgraciadamente es hombre. Lo siento por los lectores que se habian animado a escribir a la señorita Baco por primera vez, y les invito a que sigan participando del blog, aunque el que escribe sea el señor Baco.
En cuanto a las lectoras que se decantaban por el lesbianismo, os animo, siempre se esta a tiempo para experimentar nuevas sensaciones, eso si, Baco no podrá satisfacer sus deseos.
A todos, muchisimas gracias por leerme y confio en que hoy o ayer, según cuando lo hayais descubierto, os haya arrancado una sonrisa.

viernes, diciembre 23, 2005

Feliz Navidad

Miro una vez más el reloj, las manecillas avanzan fugaces alrededor de la esfera. No voy a llegar a tiempo. Bajo los cuatro pisos por la escalera porteando el pesado fardo que llevo conmigo esperando ser más rápido que el ascensor y salgo del patio con urgencia. En la calle el frío golpea mis mejillas y un ambiente húmedo lo invade todo. ¿Todo he dicho? No, no es así, de camino al coche me cruzo con un niño y su padre, andan cogidos de la mano, sonríen y sus caras son cálidas. Llego al coche y me encierro dentro, el reloj del salpicadero marca unos pocos minutos menos que las manecillas en mi muñeca, eso me tranquiliza. Cruzo velozmente calles semidesiertas, quedan pocos minutos cuando llego a las calles pobladas de gente, iluminadas por millones de pequeñas bombillas. Tengo suerte, pronto encuentro sitio para dejar el coche. Al salir y abandonar la calefacción el frío vuelve a golpearme, me recoloco la bufanda alrededor del cuello haciendo malabarismos con el paquete que he de llevar conmigo y comienzo a caminar por calles empedradas. Ahora vuelvo a fijarme en el reloj de mi muñeca perdiendo los minutos que gané. Toda la gente anda apresurada, envuelta en mil capas. La plaza esta brillante, la luz amarilla no deja que la oscuridad se esconda en ningún rincón. Miles de pasos golpean la plaza al mismo tiempo mientras penetro en la catedral. El silencio inunda mis oídos y solo se oye mi caminar. Allí dentro el frío no es tan crudo, algo que agradecen las dos abuelitas que arrodilladas en un banco rezan.Camino por un lateral de la planta hasta alcanzar unas rejas que impiden la entrada a unas escaleras. Aprovecho para tomar aliento y reposar el pesado bulto en el suelo. En ese momento un hombre aparece al otro lado de la verja, me sonríe con ojos grandes y bondadosos y abre la verja dejándome pasar. Le doy las gracias y comienzo el ascenso por la escalera de estrechos escalones pulidos por el paso diario. Alcanzo el final de la escalera y salgo al exterior, a 51 metros de altura el frío golpea más fuerte si cabe, pero el esfuerzo de subir 207 escalones me defiende de él. Me aproximo a la barandilla de la torre y desato el fardo que he llevado conmigo hasta ahora. Engancho uno de los extremos a la barandilla y miro por ultima vez mi reloj, marca las doce en punto, sonrío y arrojo el resto de la lona fuera de la torre...

martes, diciembre 20, 2005

Relato

No recuerdo cuando comenzó todo. ¡Hace ya tantos años que vago sin rumbo fijo!
Mis manos no sienten nada, tengo los pies fríos y expulso de mi boca un húmedo y gélido hedor.
Ayer estaba en Río de Janeiro, en la terraza de una vieja casa con la mirada fija en aquella joven chica de ojos oscuros. La acompañe durante horas, estuvo llorando todo ese tiempo abrazada a la foto de un pequeño bebe. Todavía sigue doliéndome cuando es una madre, noto que algo mío se va con ella.
Cuando se acercó a la cornisa adelanté mis brazos y los posé sobre sus hombros, me hubiera gustado abrazarla contra mi, era bella, el cabello negro caía a los dos lados de su rostro y solo un fino camisón cubría su piel oscura, habría posado mis labios en aquella suave piel pero ella no lo hubiera notado, como no notaba mis manos. La empujé. Oí el grito. A diferencia de lo que se cree es un solo grito, comienza arriba y cuando dejas de oírlo todo ha acabado, entonces comienzan los gritos de otras personas, las sirenas de ambulancias, pero todo eso es silencio.
En aquel momento mis ojos se cerraron durante unos segundos. Los volví a abrir en un oscuro callejón empedrado y húmedo, los carteles no estaban en portugués, ya no estaba en Brasil. Ahora sé que me encuentro en España, me rodean casas viejas, doradas por la tenue luz amarilla de las farolas. Solo he de esperar a que entre en la calle y mi vida se unirá a la suya hasta que llegue el fatal momento.
Lo veo venir a lo lejos. Es joven y se acerca con rapidez cargado con una mochila. Sus pasos resuenan en la solitaria calle, solo un vagabundo tirado en un rincón junto a su perro nos hace compañía.
Pasa junto a mi y me reflejo en sus pupilas, se adentra por una pequeña puerta coronada por un cartel que reza “Hostal El Carmen”. Dentro, con su voz grave pide una habitación a la dueña y le tiende un billete. Ella lo coge y da una ultima calada a su cigarro mientras se levanta y le pide que le siga. Subimos las escaleras siguiendo a la madura mujer de piel blanca y un escote que deja al descubierto gran parte de sus enormes pechos.
De pronto, siento algo que hacia años que no sentía. Nos encontramos con un niño en la escalera y clava sus ojos en mi, me mira fijamente cuando nos cruzamos. Yo arreglo el cuello de mi traje negro nervioso como ante la primera cita y sigo escaleras hacia arriba. La mujer abre la puerta y le tiende la llave al chico. Le dice que no dude en llamarla si necesita cualquier cosa mientras pasa una mano por su escote y sonríe provocativa. El chico le da las gracias adentrándose en la habitación y se cierra con llave. Deja la bolsa de deporte en la cama y se lava la cara en una sucia pila que hay junto a ella. Miro en su bolsa y lo comprendo todo, un revolver con tres balas descansa entre su ropa sucia. Ya conozco el final, solo queda esperar.
Él suspira mientras se dirige a abrir la mochila y yo desaparezco de allí, nunca en todos estos años había abandona a nadie antes de su momento fatal, siempre ligado a ellos, sin poder tocarlos, sin que me puedan ver, sin poder avisarlos pero siempre presente.
Ahora estoy en las escaleras y frente a mi el pequeño crío sonríe y me mira con los ojos más grandes que nunca me han mirado. No sé que decir, estoy confuso y es él quien habla. Me pregunta porque voy de negro si soy su ángel de la guarda. Ojala fuera tu ángel de la guarda le contesto mientras una lágrima recorre mi mejilla. Tampoco en todos estos años había llorado.
Entonces oigo un tiro en la habitación, me giro hacia la puerta aturdido por no estar allí apretando el gatillo y siento la pequeña mano del niño tocar mis dedos.
Caigo sobre el suelo y cuando despierto visto un traje blanco.

viernes, diciembre 16, 2005

Teo y Bea

Teo no la conoció una noche, no la conoció en la discoteca. Teo conoció a Bea como se conocen a las personas importantes, de casualidad. La conoció en la parada del autobús uno de los escasos días de lluvia. A Bea se le cayeron al suelo los libros a los que había estado abrazándose mientras llegaba corriendo a la parada. Teo, que la estuvo mirando mientras se acercaba, le ayudo a recogerlos y a subirlos al autobús, y durante todo el viaje, quizá absorto en las palabras de Bea, quizá porque no quería darse cuenta, Teo no sé percato de que el autobús que había cogido no era el suyo.
Pero Teo y Bea se despidieron sin acordar una cita, sin que ninguno de los dos pudiera localizar al otro. Mas como suele pasar en las historias importantes, la casualidad siguió su camino y Teo y Bea coincidieron en el autobús la semana siguiente. Y Teo esta vez si, invito a cenar a Bea.
Y dos días después, sentados en una mesa, Bea rió mucho con Teo, y aquella noche Teo se acostó pensando en Bea, y aquella noche Bea abrazo el almohadón pensando que abrazaba a Teo.
Y pocos días después Teo besó por primera vez a Bea. Y algunas semanas más tarde Teo le dijo a Bea aquellas dos palabras que ella estaba deseando oír. Y ni Teo ni Bea sabían que aquello que pronunciaban una tarde oscura en lo alto de un parque no los abandonaría el resto de sus días.

lunes, diciembre 12, 2005

Voy a hacerte una visita

Sentado en el sofá al calor del fuego, con un libro entre mis manos, cierro los ojos y respiro profundamente. Comienzo a caminar y noto como pierdo el calor que el hogar mantenía en mis mejillas. Los dedos se enfrían y mi aliento se suspende en el frío de la noche como el vapor de agua.
Escalo montañas que dejan rasguños en mis frías manos, atravieso ciudades nocturnas de gente desconocida, cruzo enormes prados silenciosos en la oscuridad y nado ríos de gélida agua. Penetro en una ciudad dormida y busco tu habitación. Poso mi mano en la manivela y se abre la ventana. La cruzo en silencio y te encuentro en la cama. Duermes acurrucada abrazando el almohadón. Mantienes una sonrisa en tus labios, quizá de tu último pensamiento antes de dormir, quizá fruto del lugar donde te encuentres ahora mismo, mientras sueñas.
Me acerco a tu cama y reconozco tu olor, me arrodillo y reconozco el calor de tu cuerpo, deslizo mis manos por tu mejilla y siento tu suave piel en mi cuerpo. Siento como abres los ojos y te alzas, siento como me miras sin decir nada, siento como dejas caer el camisón al suelo y quedas desnuda ante mi, siento como tus labios se posan en los míos y recorres mi cuerpo ahora desnudo para ti.
Siento tus besos penetrar en mi cuerpo, tus manos acariciar mis huesos y tus ojos verme dentro.
Sonríes y te acercas a mi oído, pecho con pecho siento tu respiración en mi mejilla mientras entre susurros me pides que te haga el amor.
Mi mano continua en tu mejilla y tu continuas durmiendo.
La ventana continua cerrada y mis mejillas calientes.
Yo continuo sentado en el sofá, frente al fuego, con un libro entre mis manos.

viernes, diciembre 09, 2005

Mudanzas

El día que llegaste no te esperaba y abrí la puerta sin saber que había detrás
El día que llegaste vistes mis muebles a medio desembalar.
El día que llegaste no te esperaba y no había preparado nada especial.
Juntos ordenamos la casa y juntos compramos el champán.
El día que te fuiste no te despediste y no había preparado nada especial.
El día que te fuiste estaban todos los muebles a medio embalar.

jueves, diciembre 01, 2005

Su sonrisa

Sus ojos de azul oscuro y profundo chocaban con su dorado cuerpo, era una niña castaña de pelo y rubia de piel. Tenia catorce años y una sonrisa que solo me dedicaba a mi. Nos cruzábamos todos los martes a las tres cuando entrábamos en el instituto y todos ellos, bajo la lluvia o el sol, entre el húmedo frío o la calidez de la primavera, siempre tenia aquella sonrisa.
Durante el día podías verla reír con sus amigas o sonreir ante un halago, con los profesores o sola en una esquina, podía mostrar sus blancos dientes mil veces al día, pero aquella sonrisa inexplicable, aquella sonrisa, estaba reservada para mi.

viernes, noviembre 25, 2005

Porque quise

Porque recuerdo tu perfume,
porque aquella mirada sigue alumbrando mi recuerdo,
porque llené mi vida de ti, porque ahora lleno mi vida de imitaciones,
porque tu ausencia es más fuerte que cualquier presencia,
porque la lluvia eran lagrimas y ahora solo agua,
porque la noche eran sorpresas y ahora solo oscuridad,
porque una palabra era una risa, y una risa un beso, y un beso mi vida,
porque quise perder todo eso,hoy en silencio me lamento.

lunes, noviembre 21, 2005

La cena

Entramos al restaurante, yo andaba un paso detrás suyo siguiendo las ordenes que me había dado unos pocos minutos antes. Al entrar, el camarero nos encontró una mesa apartada, como ella había sugerido y tras retirarle el enorme abrigo negro de piel y dejarla con un hermoso vestido de cuero, le apartó la silla para que se sentará. Yo seguía de pie mientras el camarero extrañado nos ofrecía la carta. Ella cogió una de las cartas y le dijo al camarero, que esperaba a que yo le cogiera la otra, que podía irse. Contrariado, nos dejó solos mientras yo todavía permanecía en pie. Probablemente la gente de otras mesas me miraba pero no puedo asegurarlo pues yo mantenía la mirada en el suelo sobre sus pies fundados en unas largas botas negras.
Por fin, me dió permiso para sentarme con una tajante orden.
Ella se encargó de pedir la comida para los dos y esperó a que la trajeran explicándome qué era lo que bajo ningún concepto debía hacer.
Nunca mirarle a los ojos. Nunca tomar la iniciativa, siempre debía esperar a que ella me diera permiso. Nunca dejar de dirigirme a ella como señora. Nunca hacer más de dos preguntas. Nunca tocarla si ella no me lo pedía. Nunca hablar con nadie si ella no me daba permiso previamente.
Entre prohibiciones pasó rápida la espera y pronto llegaron nuestros platos. Ella comenzó a comer lentamente mientras yo esperaba que me diera permiso.
Mi plato se enfriaba y la boca se me hacia agua oliéndolo y viendo como ella disfrutaba con cada bocado. Tras algunos minutos, me ofreció un trozo de su filete alargando el tenedor con la autoritaria orden de que lo probara.
Se deshizo en mi boca y llenó mi cuerpo de ansia esperando que ahora por fin me diera permiso para comer del mío, pero no lo hizo. Siguió comiendo de su plato mientras me decía que hoy en día no valorábamos lo que era poder comer un buen filete, el suyo estaba esplendido decía, y probablemente el mío también lo estuviera, aventuraba. Tenia la convicción que en cualquier momento me daría la orden de que comiera, quizá cuando terminara su plato, quizá el amo debe comer antes que el esclavo pensé.
Pero no fue así, al terminarlo, llamó al camarero y le dio permiso para retirar los dos platos. El camarero mirando el mío pregunto si no iba a tocarlo, quizá no me había gustado preguntó. Pero ella estuvo tajante. Le ha encantado, no se preocupe, dijo entre sonrisas.
Hizo lo mismo con el postré y para cuando pidió dos cafés hirviendo yo prácticamente ya no sentía mi estomago adormecido del hambre.
Entonces, con voz suave y autoritaria, me exigió que bebiera el café, de un solo trago.
Al coger la taza supe lo que me iba a costar beberme aquel café que quemaba mis manos, pero lo acerque a mis labios con decisión. Ella no me miraba, buscaba en su pequeño bolso un puro que saco y encendió lentamente dando grandes bocanadas.
Estaba convencida de que yo lo haría y para cuando comenzó a saborear el puro la taza se encontraba vacía. Había quemado mis entrañas pero me sentía satisfecho, contento, orgulloso.
Ella sonrió sin decir una sola palabra mientras degustó el puro y dio tiempo a que el café se enfriara.
Cuando salimos de allí, sin mirarme, sabiéndo que la seguía un paso atrás oí que decía, bien, lo has hecho bien.

miércoles, noviembre 16, 2005

Solo

Labios besados,
mentiras sin malicia,
llantos aplacados
con una caricia,
Falsas miradas
y sonrisas imitadas,
palabras iguales
y personas diferentes,
sabanas de colores
y recuerdos ausentes,
inolvidables olores
de cuerpos calientes,
risas de florero,
gemidos y silencios,
y la soledad del viajero.

jueves, noviembre 10, 2005

Déjame

Déjame que retire tu vestido, déjame que lo haga lentamente, descubriendo cada rincón de tu cuerpo en mi avance, encontrándome con tu suave piel a cada instante.
Déjame que te mire a los ojos mientras te desnudo, que sea testigo de su brillo cuando mis manos alcancen tus pechos, cuando mis dedos acaricien tus pezones y los noten endurecer.
Déjame que mis labios se acerquen a los tuyos, déjame unirme a ellos, déjame besarlos mientras mis manos llegan a tu cintura.
Déjame que apriete tu cuerpo contra el mío con los ojos cerrados.
Déjame seguir besándote todo el cuerpo, mientras descienden mis manos por tus caderas, mientras desaparece tu vestido y me pierdo en tu ombligo.
Déjame quitarte las bragas y contemplarte desnuda, déjame que memorice tu cuerpo desconocido, el mismo cuerpo de siempre.
Déjame que me cobije en los escondites que albergas, déjame que la humedad de tu entrepierna sea testigo de mi lengua.
Déjame penetrar en tu cuerpo de mil formas diferentes, déjame oír tus gritos, déjame ahogar los míos entre los dientes.
Déjame poseerte, déjame ser tuyo, déjame, déjame.

miércoles, noviembre 02, 2005

Memo Erótico

Sonela me cita para responder a este curioso cuestionario, y sinceramente, el cuestionario tiene unas preguntas que dejan mucho que desear, pero me resulta imposible decirle que no a una proposición de Sonela, y más aún cuando me ve como la traca final.
Así que allá voy...
1 - ¿Cuál fue el polvo de tu vida?
No fue el mejor, no fue el más divertido, ni el más apasionado, no fue el más placentero, ni fue una sucesión de polvos, pero sin duda, fue el primero con amor.

2 - ¿Cuál es el sitio más original que has follado?
Sonela añadía aquí abajo “pongo las preguntas tal cual, que nadie se me ofenda” y la entiendo, porque la frase no sé a quien se le habrá ocurrido pero esta bastante mal redactada, y por fastidiar, yo la corregiré.
Así que repito.
2 - ¿Cuál es el sitio más original en el que has follado?
Pues la verdad es que los sitios “raros” en los que he follado no tienen nada de original, porque son los que salen en todas las listas de este tipo. Playa, piscina, servicios de un teatro, de una tienda de ropa, de la universidad. Sin duda, me quedo con el de la universidad, no por raro sino por los recuerdos que evoca.

3 - ¿Qué es lo que más te gusta en el momento del folle?
Otra pregunta que reformularé:
3 - ¿Qué es lo que más te gusta mientras estas follando?
Sin duda mirar a la otra persona a los ojos, mientras nuestros cuerpos parecen unidos para siempre, mientras nuestras pieles se besan. Descubrir el brillo en la mirada de la otra persona indudablemente.

4 - ¿Qué es lo que más odias en el momento del folle?
Y otra:
4 - ¿Qué es lo que más te molesta mientras estas follando?
Si digo las interrupciones no mentiría, pero parece que soy repetitivo, así que las puntualizaré.
La llamada de teléfono puede ser molesta pero no suele llevar a la interrupción, basta con pasar de él.
Que alguien llegue a casa con llaves para penetrar en ella (nunca mejor dicho) suele ser la peor, aunque no es habitual, solo me ha pasado un par de veces.
Así que me quedaría con un clásico, aunque no sé si es común para todos o solo me ha sucedido a mi y a mis parejas. Me estoy refiriendo al “tirón”. Eso obliga a un minuto de parada mínimo.

5 - ¿Qué fantasía sexual te queda por cumplir?
Cualquiera contigo
6 - ¿Con qué personaje masculino y femenino de la blogosfera te darías un revolcón sin dudar?Una pregunta muy delicada. Empezaré la lista:
¿A quién le paso el testigo?
Prefiero dejar el testigo aquí y que lo coja quien quiera.

lunes, octubre 24, 2005

La Carta

Abro el sobre con cuidado mientras mi mente pasea por los recuerdos,
deslizo la carta y la desdoblo volviendo a ver los surcos de sus palabras,
viajo con ellos a otra vida, una vida que compartíamos en silencio,
una vida que solo ella conocía, una vida que yo confundía con la nada,
y entre palabras llenas de recuerdos y lágrimas que contienen un mar,
entre imágenes que nunca se olvidaran,
recuerdo la sonrisa de mi vida.

lunes, octubre 17, 2005

Esperando

Todavía tengo el sabor de sus labios en mi boca cuando despierto y busco a mi lado donde su ausencia ha dejado unas sabanas arrugadas.
No me di cuenta cuando se fue, solo recuerdo que nos dormimos cuando en la ventana ya se filtraba la luz pálida del amanecer.
Me gustaría pensar que salió sin despedirse para no despertarme, probablemente porque pensaría volver antes de que yo abriera los ojos. Me gustaría pensar que no seré para ella solo el recuerdo de una noche. Me gustaría pensar que compartiré con ella el desayuno, o el almuerzo. Me gustaría pensar que comeremos juntos.
Son las siete de la tarde, sigo esperando.